“Rodolfo Espinosa, Visiones desdobladas” – Somos. Noviembre, 1996

Somos, Nº 521 | 30 de Noviembre, 1996

 

Rodolfo Espinosa, Visiones desdobladas

por Doris Bayly

Fito Espinosa es pintor y, además un buen amigo. Lo que no quiere decir que esta nota tenga necesariamente sabor a cherry. Quizá si, un ligero tulio a whisky. Ex de esta casa editora, Fito acaba de ganar los diez mil dólares de premio que otorga anualmente la firma Johnnie Walker con el fin de promocionar la pintura en el Perú.

La historia de Fito podría ser parecida a la de cualquier pata de estudia arte, gana algunas distinciones y premios a lo largo de su carrera, y comienza a trabajar, porque nadie puede vivir de la pintura si no es famoso.

Hasta aquí, su historia va paralela a la de muchos.

Los caminos se separan cuando él decide, por ejemplo, dejar un empleo más o menos seguro, porque siente que las energías que tendría que entregarle a sus cuadros, se la roban los micros, la burocracia, y los dibujos hechos por encargo. O cuando se propone participar en el concurso de pintura que despierta mayores expectativas a nivel nacional, el Johnnie Walker, no con la intención de “ver qué pasa”, sino con un cuadro hecho expresamente para decir algo, para ganar.

Fito se llevó el primer premio con “Sueños en espiral”, acrílico con el que finaliza un ciclo donde predominaban los tonos oscuros.

Estuvimos con Fito en el pequeño taller que se ha parado en la azotea de su casa, al frente del cuarto donde duerme, toca guitarra, y escribe.

“Empecé a pintar buscando imágenes que significaran por sí solas. Primero eran objetos no reconocibles, no muy relacionados con la realidad, después poco a poco fui creando más personajes. Me importa la estética de lo horrible, lo grotesco. Cuando veo algo muy bonito, no me la creo. Si hay alguien muy alegre o muy triste, tampoco me la creo mucho”.

Define a su estilo como un figurativismo no-se-qué. “En una época me decían que era medio surrealista. No sé. Por ejemplo, Bacon qué cosa es. Le decían al comienzo que era surrealista, pero él sencillamente decía que le interesaba la realidad, hacer que la realidad adquiera diferentes connotaciones. Creo que a eso se le llama neofigurativismo.”

Ahora que ha recibido el premio, todos le hacen la misma pregunta, ¿hermano, qué vas a hacer con tanto billete? Él responde sencillamente, “seguir pintando. Estoy preparando una muestra para abril”.

Fito piensa que hay ahora una onda como de retomar símbolos, de regresar a cosas consideradas “normales” peyorativamente. “En cuanto a la escultura hay también una tendencia renovadora free a la que propone piezas atemporales, pajísimas, pero que están totalmente alejadas de la realidad. Esa manera de trabajar no la siento tan cercana. Lo que estoy haciendo es incorporar a mi pintura elementos de todos los días. Un gato, una cama, un sillón”.

Me gusta particularmente un cuadro de catálogo que me enseña. Una figura que representa un hombre, su espíritu y su calavera. En este triple desdoblamiento del personaje, lo único real en la propuesta, es el gato que está sentado a sus pies.

¿El hombre? Fito sonríe con esa manera suya tan cercana y responde con la imagen de Saint-Exupery: “Un animal difícil de domesticar”.

Top