“La trama de Fito” – Gestión. Abril, 1997

GESTION / Sección B | Martes 22 de abril de 1997 | Cultural

 

Fito Espinosa inaugura muestra de pinturas en la galería Cecilia González

La trama de Fito

 

“Recoger el deseo de alguien escondido y convertirlo en un monumento para que todos lo vean…abrir las ventanas al exterior que es un interior pero más grande…” Como mucha gente, Fito Espinosa abrió las ventanas de su interior, se asomó y vio con lástima su realidad. Un mundo en el que lo importante no es precisamente lo mejor. Fito cerró sus ventanas y prefirió ver siempre hacia adentro, hacia un espacio en el que no hay mayor lugar para su crecimiento personal. En base a esta introspección, el artista presenta una colección de pinturas bajo el título “La trama de la trampa”. Animales, seres marginados y objetos desplazados son los protagonistas de sus obras de una carga que además de mágica y onírica, apuntan hacia nuestra reflexión como verdaderos seres humanos. La muestra se exhibe en la galería Cecilia González ubicada en Matilde Acha de Brenner 245 El Olivar, San Isidro.

Cuando le preguntamos a Fito Espinosa sobre el tema de su última exposición titulada “La trama de la trampa”, confesó que no es él quien escoge el tema sino que es el mismo tema el que lo escoge…

Cuando trabajas una propuesta en base a tu propia visión del mundo es difícil que no te centre en lo que te está ocurriendo o lo que no te ha pasado, mas aún si vives en un lugar y en un medio como en el que vivimos.

Sabemos cuál es la trama ¿cuál es la trampa entonces?

La idea encierra una suerte de trampa que no necesariamente es externa. Mi trabajo está centrado en cómo la persona se enfrenta todos los días a su entorno, a la gente, a las convenciones, a la realidad. Siento que existen millones de trampas dentro y fuera de cada persona que pueden manifestarse a través de sus defectos. La trampa está en no saber enfrentarse a los temores para finalmente dejarse caer. Pero la trampa no sólo radica en cosas negativas. El amor también puede hacernos caer.

Algunas de tus pinturas presentan elementos cotidianos de la arquitectura como las rejas, por ejemplo. ¿Qué significa tienen dentro de la composición de tu obra?

Hace un tiempo leí un libro escrito por un arquitecto austriaco en le que afirma que la línea recta no existe en la naturaleza y esto había enajenado al hombre desde siempre. No es que yo tenga esa misma idea pero pienso que es como si las líneas rectas encasillaran al hombre. Por eso terminé haciendo arte. El arte busca siempre pensar y cuestionarse. Ese es mi propósito: cuestionar todas las convenciones a las que nos vemos sujetos en la vida diaria. No podemos desligarnos de ellas porque la sociedad está hecho así, con sus parámetros y sus regalas. Lo malo está en que la sociedad también te dice que si no eres competitivo y si no peleas no sirve. Lamentablemente nuestra sociedad se mueve de una manera en la que la competitividad se va hacia extremos horripilantes.

Una línea del texto que presentas en tu catálogo reza la frase: “Recoger el deseo de alguien escondido…”

El tema se identifica mucho con cierto tipo de gente, aquellos a los que le cuesta adoptar esa posición de competitividad.

¿Gente como tú?

Sí. Gente que por alguna razón, y por desgracia, pueden ser marginados. Personalmente más que el hecho de competir, me interesa aprender de uno mismo. Siento que muchas de las personas que son así se dirigen hacia un camino de realización personal mil veces más gratificante que el que se gana con la competitividad.

¿Quieres decir que más de una vez te has sentido marginado por ser artista?

Sí, especialmente cuando al gente tiene a darle mayor importante a los premiso que haya recibido un artista o a las exposiciones que haya presentado en vez de poner atención en su desarrollo personal. Eso hace que cometan el error de juzgar el trabajo del artista en base al reconocimiento exterior, como si sólo eso valiese la pena. El asunto de la falta de educación y de la falta de cultura es tan general que sería injusto culpar sólo a la gente por sus reacciones. El punto está en que la sociedad funciona así. Esa es la trampa.

“La trampa está en no saber enfrentarse uno mismo a sus temores” señala el artista.

Seres marginados por su entorno. Aquellos a los que le cuesta aceptar la posición de competitividad en un mundo como el que vivimos.

Top