“ICPNA 1995” – ICPNA. 1995

ICPNA 1995

VII Salón Nacional de Pintura

 

Silvio de Ferrari Lercari

El Instituto Cultural Peruano Norteamericano presenta, en su local de la Av. Arequipa, en Miraflores, las obras ganadoras y clasificadas del VII Salón Nacional de Pintura al que se presentaron cerca de 200 participantes.

Una primera apreciación nos permite afirmar que los resultados son equilibrados y que en el contexto general las obras permiten dar cuenta de los diversos estilos y tendencias que predominan actualmente en la plástica joven peruana.

El primer premio (adquisición) correspondió a Rodolfo Espinosa Quiñones con la obra Recostado sobre la noche. El caso de Espinosa es el del artista que culmina sus estudios logrando el primer mérito (Facultad de Arte de la Católica) e imponiéndose en su primera confrontación agonística. Su trabajo manifiesta la intención enigmática del cuerpo que «adapta» a un medio interior. La acción se duplica en la obra dentro de la obra, arriesgando los objetos sobre superficies planas y desechando las normas tradicionales de la perspectiva. Su doble linealidad en composición nos permite apreciar un mayor equilibrio entre los propósitos subjetivos y los resultados concretos del nuevo figurativo.

La primera mención honrosa, En Boston de Miguel Aguirre Vega, es una tela con méritos en el claro oscuro dentro del revival de las nuevas propuestas influenciadas por el «pop». La segunda mención honrosa fue a manos de Jean Paul Zelada. Su obra, amplia en formato y distribución de colores, se destaca más por la pureza de un buen trabajo cuando el color se desplaza en libertad plena. El cromatismo se vuelve más confuso por el borroneo y el uso de soplete en «spray» que restan cierto vigor a un buen trabajo en su base cromática.

Miguel García Núñez obtuvo la tercera mención honrosa con la obra Faltas. El joven pintor, egresado recientemente, gana su primera distinción con una obra de geometrismo en gris, blanco y negro. Hay un buen trabajo de composición, precisión en la perspectiva y un cierto misterio que otorga interioridad y contenido.

Entre las 22 obras clasificadas podemos elegir –y esto de manera muy arbitraria– a Martina Martínez, que va dotando a la anatomía del desnudo una mayor fuerza. Cierto que su contenido es mutilante y las intenciones no quedan muy bien clasificadas. La tela titulada En el silencio de la vida permanece en el terreno de la espera, probablemente con un silencio para centrar nuevos significados. Marco Carpio Siveiro, en su pintura Marianito, manifiesta una tendencia informalista. Es una tela de colores vivos. Si bien figurativa, su informalismo tiene precedentes cercanos en la pintura peruana actual.

Juan Chávez Alvarado (Trujillo), Mimetismo, realiza un estudio de tenue grafismo. Antonio García Castilla con Selva Rioja, divide su obra en secciones trabajadas en serigrafía y tierras logrando ciertos resultados en el uso de la técnica mixta.

José Cortez Arce, con Ideograma I, vuelve a modificar sus propuestas iniciales. Ahora su lienzo manifiesta una mayor gestualidad con factor dominante, José Luis Carreño, a quien damos preferencia especialmente en su obra Muerte de una luna l, y, finalmente, Oscar Cruz Flores, con un dibujo en cartón titulado Yawar Fiesta, que bordea ciertos lineamientos del cubismo, es un trabajo que tiene contenidos bien elaborados.

En apretada síntesis incluiríamos a Manuel Villena Mego con Sueño de tal insomnio y un demodé El novio de Francisco Castillo, que puede emparentarse a ciertas formas modernas pero que ya se habían empleado en ciertas experiencias del Indigenismo urbano hace algunas décadas atrás. Este VII Salón Nacional auspiciado por el Instituta Cultural Peruano Norteamericano, exhibe una regularidad que agrada y que nos reconforta por el hecho de que asoman nuevas promesas en la libre búsqueda de tendencias que se mantienen en un rigor modernista sin que se presenten dificultades de mayor riesgo iconológico. Pero, en fin, este es un asunto que se extiende a la mayoría de los concursos. Romper estas barreras (será posible) es el reto que deberán exigirse organizadores y principalmente los artistas. A fin de cuentas, en la polémica activa con el mundo, el artista, hoy más que ayer, tiene un referente previo y verá con sus propios ojos antes de lo que ve, lo que pinta.

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