“Fito Espinosa – Pintar es aprender a vivir” – Expreso. Abril, 2000

Expreso | Domingo, 30 de abril del 2000

CULTURAL
Silvio de Ferrari Lercari

“Filosofar es aprender a vivir”
Montaigne

La ascendente fortuna de Fito Espinosa (Lima 1970) tuvo su maduro reposo para llegar a la tercera muestra individual recientemente inaugurada en la Galería “Fórum” de Miraflores. El hombre Dividido, título de la actual exposición, nos ubica a un artista, como pocos en el medio, que establece un vínculo con su obra en el testimonio de una situación entre un cierto “realismo onírico” que se expresa entre El hombre que se cansó de buscar afuera (acrílico/trupán) y el hombre de adentro (díptico). Y es que la propuesta se sujeta en el interior del hombre, en la contradicción que la vida presenta para establecer vínculos sólidos a través de la integración que puede ser obtenida “desde afuera” lo que no necesariamente puede ser conseguida “desde adentro”: la desintegración.

De esta manera, la obra de Espinosa es un discurso entre el mundo de los sueños y los conflictos como las amenazas del deterioro, la estima y la disgregación de la identidad. Plásticamente, esto implica un esfuerzo técnico para poder expresar y concretar contenidos que están en la angustia de nuestro tiempos. Y esta “tragedia humana es representada por Fito como si acaso las dos únicas alternativas fueran el creador en su propia jaula (véase la El hombre que vivía en una cárcel con las puertas abiertas (acrílico/trupán) o alejarse en un vuelo liberador (a visualizar en la obra: El hombre que se quería ir. (Luis Herrera Abad/catálogo).

En este plano estrictamente estético, el lenguaje del artista avista los tonos oscuros, si bien la atmósfera –colorida y rica en gamas de colores- no llega a alcanzar una mejor claridad e intensidad.

Es en el terreno de la atmósfera donde el artista juega los presupuestos centrales de su mensaje agregando a la duplicidad de contenidos el uso de materiales como el acrílico y el trupán; superficie plana para soportar la aplicación de un acrílico delgado y rápidamente elaborado como trabajado. Curiosamente, esta reflexión acerca de la “historia del hombre dividido, del que nunca aprendió a querer, del que comprendió después que a querer no se aprende. Es el hombre que ama desde otro continente, más allá del mar, desde el otro hemisferio del cerebro” (cit. Espinosa/catálogo), se presenta en la pintura como un cierto juego, expresa en su frontalidad, un respiro lúdico y atractivo. La misma composición de colores podrían ser las líneas y los tonos que recuerdan al neoplasticismo de Mondrian. Pero hay otros elementos, en la línea de lo agresivo y menos ofensivo y menos ofensivo que se plantean en unidad entre la idea y su materialización. Por oposición,  Espinosa discurre en el dilema de los punzones cortantes a filo de tierra con un infantil y tranquilizante avión casi en su nomenclatura de diversión, de juguete. Y más aúnranquilizante aviuso de materialersonajes vivones cortantes a filo de tierra con un infantil y tranquilizante aviuso de material su “racconto” es rico en contenidos y no deja de sorprender que los personajes vivan situaciones que focalizan la atención en el eje-persona. Estéticos, inmóviles, ocupando primeros planos, acercándose a nosotros, sin impedimento alguno, libres. El dilema que él se plantea es su imposibilidad de ir o de venir; de hablar como de callar. “El hombre dividido habla de sí para evitar hablar de sí, para no ir, va; prefiere saber en dónde estuvo que saber a dónde irá” (Fito Espinosa).

En el marco conceptual de las imágenes, “El hombre dividido” es una presentación ordenada, sincera y coherente. “En la presente muestra, excepto los tópicos de la soledad y la reclusión, todo ha sufrido una conversión coherente. Una ampliación renovada de la misma preocupación existencial en la que cada cuadro reafirma una idea (…). Más que en otras oportunidades, los títulos desde ya redondean lo que la imagen claramente define” (cit. Manuel Munive Maco/catálogo).

Se ha dicho que los jóvenes pintores “llegan al éxito” muy rápido. Que como promesas despiertan elogio y gratuitos entusiasmos. En este pandemonio de público, coleccionistas, amigos, familiares, galeristas y teóricos, cada uno debe admitir su intervención en el problema. Es cierto que en muchos casos se exageran comentarios triunfalistas y se dedican páginas que podrían aguardar un futuro. En el fondo, son comentarios de momento que en corto tiempo se vacían de significado.

El caso de Fito Espinosa es un buen ejemplo para meditar en todo ello. Su corta trayectoria ha estado acompañada de rápidos y fugaces éxitos que a nuestro juicio también pueden ser excesos. Sin embargo, me permito también a reflexionar sobre estos temas y como el juicio de Montaigne, acordar en el humanismo de su mensaje, que esta muestra de Espinosa es una primera fractura meditada y lograda con mayor profundidad y cierta madurez. No en vano aprender a reflexionar es sensibilizarse y vivir. Pero es bueno recordar las palabras del pensador francés, exigiéndose en la vida un esfuerzo mayor que nos enseñe a vivir para saber morir.

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