“Fito Espinosa” – ¡Hola! Perú. Octubre, 2015

¡HOLA! Perú | Semana del 14 al 20 de octubre de 2015 | Edición Nº 251

 

FITO ESPINOSA

El artista nos presenta a su tercer hijo y celebra veinte años de trayectoria acompañado de su familia, su verdadera obra maestra. “Ellos me regresan a mi esencia y hacen que valore cada minuto”

Ojos grandes, trazos gruesos, colores pastel, animales, vegetales, símbolos y cielo. Personajes con los que es fácil identificarse y escenas tiernas: alegres y melancólicas, cotidianas y fantásticas. Son rasgos que definen el trabajo más conocido de uno de los creadores contemporáneos más prolíficos de Lima. Sin embargo, cuando empezó su carrera, el pintor, ilustrador, músico y docente tenía un estilo muy distinto.

Egresado de la Facultad de Arte de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), ha participado en exhibiciones colectivas e internacionales, realizado diez individuales y editado tres libros ilustrados que han sido reeditados más de una vez. La semana pasada, inauguró “Introspectiva 1995-2015”, la retrospectiva curada por Manuel Munive, que puede verse hasta el 1 de noviembre en el Centro Cultural de la PUCP. Además, desde el 15 de octubre hasta el 5 de noviembre, en la galería Índigo, presentará la exposición “Sueños abiertos”. Fito nos recibió en su casa-taller donde festeja sus logros con su pareja, Maria Paz Mujica, y sus hijos, Mara, Mayu y Mallki.

“Antes, mi única forma de vivir en el presente era pintando, pero desde que nacieron mis hijos estoy más aquí y ahora. Ellos son una gran experiencia”.

“Mayu se parece a su mamá. Toda la vida había estado rodeado de mujeres hasta que llegó este loquito lindo que tiene una energía increíble”.

“El público no sabía que estudié pintura y empecé profesionalmente en 1995. Por eso sentí la necesidad de reunir mi obra”.

Fito, ¿qué te llevó a reflexionar en este momento sobre tu carrera?

En el Perú falta documentación, existen pocos museos y libros de arte. En general, parece que carecemos de memoria y el Estado no invierte un sol en la “cultura viva”. Así, resulta importante que los artistas y las empresas privadas registremos y preservemos el arte. Mi trabajo se hizo conocido hace cuatro o cinco años, pero el público, sobre todo los jóvenes, no sabía que estudié pintura y empecé profesionalmente en 1995. La mayoría se sorprende. Por eso, sentí la necesidad de reunir mi obra. “Introspectiva 1995-2015” recorre las dos décadas de mi carrera y revela mi evolución como artista. Esta exposición se ha registrado en un libro del mismo nombre. En cambio, “Sueños abiertos” está formada por piezas recientes, con las que regreso un poco a la pintura de mis inicios y a los retratos más volumétricos, sin tanta línea negra.

Maria Paz, como mánager y pareja de Fito, ¿qué opinas de su trabajo?

Su evolución es alucinante por el contraste entre sus primeras pinturas y las últimas, aunque hay mucho en común porque se trata del mismo artista. Cuando lo conocí, hace más de siete años, él estaba cansado de la solemnidad del arte, tenías ganas de crear algo que llegue a más personas y tenga mayor impacto en la gente y sus vidas. Todas las etapas de su carrera son importantes y, sin ellas, Fito no sería quien es hoy. Pero pienso que hubo un punto de quiebre clave que marcó una dirección diferente en su trabajo. Entonces eligió un camino más diverso y emocionante. A mí me pareció importante hacer la retrospectiva y el libro. Por eso, estuve detrás de eso hasta que conseguimos concretarlo.

Fito, ¿cuál fue ese punto de quiebre?

Al volver a mi obra me di cuenta de que mis dibujos de hace veinte años no estaban mal. Incluso mucha gente puede pensar que eso sí es arte y lo de ahora no. Cuando acabé la universidad, creía que el artista tenía que cambiar. Me esforcé en hacerlo y luego descubrí que era una tontería. Solo se trata de ser sincero. La obra cambia cuando el artista cambia, y eso no sucede de la noche a la mañana. A principio hacía cuadros cargados, claroscuristas, y naturalistas. En el 2000 replanteé mi estilo e hice la muestra “El hombre dividido”. Ese fue el punto de quiebre. Dejé de plasmar la realidad para crear un mundo y contar una historia. Mucha gente se identificó con esos dibujos. “Fito, ese soy yo”, me decían. ¡Me pareció increíble! Al indagar en mis propias emociones y vivencias, y pintar lo que me ocurría, lograba ser universal y tocar a las personas.

¿Qué inspiró esa transformación?

Muchas cosas. En la universidad enseñan un método. Pero con el tiempo tienes que desaprenderlo. En la facultad son estrictos, dicen esto es pintura y esto no. Los primero trabajos responden a ese precepto y a la incertidumbre que fue la época del terrorismo. No sabía qué iba a ser de mí ni si podría vivir del arte. Además, mi mamá, que estaba enferma, murió. Yo era un adolescente y tenía esas preocupaciones, la pena y mucha rabia atracada en la garganta. Por eso, tuve una etapa oscura en mi trabajo, mis personajes se sentían confusos y aparecían en la penumbra. Esos sentimientos corresponden a exposiciones. Curiosamente, cuando acabé la universidad, había muchos concursos y con esas piezas claroscuristas gané varios premios.

Uno de ellos fue “Pasaporte para un artista”, ¿cómo influyó tu pasantía en París?

Al visitar las galerías vi otras artes y descubrí que la pintura casi no existía y era considerada arcaica. Eso me cuestionó. ¿Había estudiado una carrera que ya no tenía sentido y que a nadie le importaba? ¿Me convierto en un artista contemporáneo o en uno convencional? ¿Quiero seguir dibujando? Recuerdo que acababa de darse la Bienal de 1997 y el ochenta por ciento de mis colegas hicieron instalaciones, aunque pocos habían hecho una antes ni tenían la formación. La mayoría hacía arte moderno y eso no era coherente para mí. Yo me asusté porque no iba a incursionar en el videoarte si no sabía grabar un video. Al final opté por lo que me salía natural: pintar mis dibujitos.

Tienes más de 36 mil seguidores en Facebook, ¿te gusta esa fama?

Es bonito porque es el resultado de mi trabajo y responde a la valoración de mi obra, no a mí como persona. Disfruto cuando la gente me cuenta qué le gusta y cómo interpreta mis dibujos.

Maria Paz: Fito es muy noble y sencillo. Sus seguidores le alegran la vida y lo hacen sentir valioso y querido, pero eso no lo marea. Él desea llegar a más personas, no limitarse a los pocos entendidos del arte porque tiene el compromiso de mostrar una manera más humana de vivir en sociedad. Eso se refleja en los temas de sus pinturas y, por eso, creo que su trabajo es aplaudido.

Fito, ¿de qué manera cambió tu trabajo cuando te convertiste en papá?

Cuando nació Mara, quien tiene doce años y vive con su mamá, yo era inestable y estaba perdido emocionalmente. Su llegada eliminó mis miedos. Me asustaba no ser un buen padre y lo que eso podría causarle. Me separé de su mamá y tiempo después conocí a Maria Paz. Con ella tengo a Mayu, de cuatro años y a Mallki, de cuatro meses. Mayu, cuyo nombre significa “río” en quechua, se parece mucho a su mamá. Toda la vida había estado rodeado de mujeres hasta que llegó este loquito lindo que tiene una energía increíble. Con él, también sentí temor porque me relaciono más fácilmente con las chicas. Mallki, “árbol” en quechua, es tranquilo como yo. Este pequeño vino a equilibrar la fuerza (risas). Antes, mi única forma de vivir en el presente era pintando, pero desde que nacieron mis hijos estoy más aquí y ahora. Lo más importante para un niño es que sus padres estén. Ellos me regresan a mi esencia y hacen que valore cada minuto. Los hijos son una gran experiencia.

“Mallki, cuyo nombre significa “árbol” en quechua, es tranquilo como yo. Este pequeño de cuatro meses vino a equilibrar la fuerza”.

Maria Paz, ¿cómo es Fito como papá?

Me llena de alegría que mis hijos tengan un padre tan bueno, amoroso y juguetón como él. Y también que Mayu se muera por Mara. Ella lo quiere mucho y el bebé la enternece. Lo difícil para Fito y para mí es que a veces el caos y la hipersensibilidad gobierna. Aprendemos a ser adultos, a trabajar, a tener una familia, una empresa y que todo funcione. Por suerte, no lo hacemos nada mal.

“Nos conocimos el 8 del 8 del 2008. Hubo muchas coincidencias que me hicieron pensar que estábamos predestinados y necesitábamos encontrarnos para escribir un capítulo importante en nuestras vidas”, dice Maria Paz.

¿Cómo se ven dentro de veinte años?

Maria Paz: Disfrutando con Fito y los chicos de los frutos de nuestro esfuerzo y de la pasión por lo que hacemos.

Fito: Esta retrospectiva era importante para cerrar etapas. Ahora siento la necesidad de cambiar estilísticamente mi pintura. También evalúo si seguir trabajando esculturas con cerámica o utilizar otros materiales. Pero sobre los nuevos proyectos, no sé. No suelo planificar demasiado. Tengo la suerte de que me buscan para propuestas interesantes, como pintar en vivo, intervenir objetos o dar talleres a niños. Una de las cosas más bonitas de mi carrera es que casi nunca sé qué voy a hacer.

 

Entrevista: Neus Pastor

Fotografías: Alejandra Vera

Producción y dirección de arte: Tatiana Fdez

Asistente de fotografía: Jan Felipe Schreiber

Estilismo: Sara Vílchez

Maquillaje y peinado: Olga Sonco

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