“Fito Espinosa. El color del tiempo” – La República. Setiembre, 2015

La República | Lima, 20 de setiembre de 2015 | Domingo Semanal

 

Fito Espinosa
EL COLOR DEL TIEMPO

El consagrado pintor presenta Introspectiva, una muestra que resume sus veinte años de carrera.

 

EL UNIVERSO DE FITO ESPINOSA

Escribe: Raúl Mendoza

Fotografía: Renato Pajuelo

 

El pintor de personajes entrañables hace el recuento de veinte años de trabajo con dos muestras: Introspectiva, que recorre toda su carrera, y Sueños abiertos, que tiene cuadros de este año. Además presenta un libro con su obra completa. Así cierra un ciclo y va en busca de nuevos caminos.

La casa galería donde vive y trabaja Fito Espinosa es un espacio de paredes blancas y ventanas que dejan pasar mucha luz natural. En esas paredes están los cuadros e ilustraciones realizados en los últimos años: personajes de ojos grandes o cerrados, paisajes de ensueño, máquinas alucinantes, frases que viajan directo al corazón. Un universo que los seguidores de su obra reconocen de inmediato.

Esos trazos y colores no siempre fueron tan naif, tan luminosos. Este año se cumplen veinte años de su primera exposición. Ha sido un largo viaje que se inició en lo abstracto y en la oscuridad. Pocos reconocerían hoy la mano del pintor en sus cuadros iniciales. Hace veinte años, Fito pintaba monstruos y personajes sumidos en las sombras. Eran sus obsesiones, sus pulsiones del momento.

“Es interesante ver cómo una visión, o energía, se puede transformar. No siento que era otro sino que era una manera de resolver algo. El artista no crearía nada si no se enfrentara a lo que no entiende. Resolvía de esa manera mis cuadros porque en la facultad me enseñaron el claroscuro, la perspectiva, y en esa época yo vivía un momento denso, oscuro. Después, todo eso se fue transformando”, afirma el pintor mirando un cuadro de sus primeras épocas.

Ahora, luego de dos décadas de creación permanente, Fito hará el recuento de todo lo vivido con la muestra Introspectiva, que inaugura el próximo seis de octubre en el Centro Cultural de la Universidad Católica. Ahí mostrará el trabajo realizado, sus distintas etapas, su evolución como artista. Es una retrospectiva en que él –según sus palabras– se mira hacia adentro y ve todo lo que ha salido. Por eso el título.

Viaje a los orígenes
Organizar algo tan ambicioso no ha sido fácil. “Empezó a planearlo el año pasado. “La idea era ubicar cuadros desde que empecé. Las galerías que habían vendido cuadros míos me dijeron que no tenían registro de hace tanto tiempo. Yo tengo un registro fotográfico más o menos completo, negativos viejos, que he tenido que recuperar. También encontré unas diapositivas que mandé a escanear y retocar”, cuenta.

Así fue armando, con detalle, la línea temporal de todo su trabajo. El siguiente paso fue pedir a los propietarios de cuadros que recordaba, que se los prestaran. Y también hizo el pedido a través de Facebook. La respuesta fue satisfactoria. Un montón de gente le escribió y le mandó fotos con mensajes del tipo: “Mira lo que tengo”. Ha podido ubicar y conseguir cuadros de las diez exposiciones que hizo y cubrir todas sus etapas. Presentará 45 lienzos que abarcan veinte años.

“Hay cuadros de los que no tenía registro fotográfico y casi ni me acordaba”, dice. También se ha reencontrado –entre muchos otros– con uno de su etapa oscura que vendió antes de que estuviera en una exposición y con una de sus primeras obras, pintada en la facultad allá por 1993 y que se llama Ángel. “De esa época casi no tengo nada. Este lo tenía una señora que me lo va a prestar para la muestra”, explica Fito.

Todo este trabajo de recuperación de su obra también ha sido plasmado en un libro que acaba de salir de imprenta y que se llama Fito Espinosa, Introspectiva 1995-2015. En una edición de 340 páginas, tapas duras y magnífico acabado que será presentada el 21 de octubre. Allí se recoge con detalle su obra completa: cuadros, bocetos, dibujos, ilustraciones; y textos y poemas que guardan relación cronológica.

Este puntilloso trabajo editorial le ha demandado todo este año. “Las fotos que tenía de mi obra estaban en negativos o eran de baja resolución. Y si quieres, por ejemplo, poner un cuadro a toda página en un libro necesitas alta resolución. He tenido que digitalizar y recuperar muchas de las fotos que tenía”. También fotografió las obras que le van a prestar para la muestra. El libro está dividido en capítulos y tiene textos de Manuel Munive, curador que en el pasado escribió la presentación de varias de sus exposiciones y es un conocedor de su obra.

“Es interesante ver cómo una visión se puede transformar (…) El artista no crearía nada si no se enfrenta a lo que no entiende”.
Su libro recoge con detalle su obra completa: cuadros, bocetos, dibujos; y textos y poemas que van junto a las imágenes.

Tránsito perpetuo
En la nota de presentación de sus dos exposiciones Fito dice: “Ha sido un viaje de veinte años donde hubo subidas y bajadas, épocas buenas y también difíciles. Sin embargo creo que ha valido la pena vivir cada momento y dejarlo registrado de la manera más sincera que he podido”. “¿Cuáles han sido esas épocas, esos momentos difíciles?”, le preguntamos esta semana en uno de los ambientes de su casa-taller.

Uno de ellos ocurrió cuando ya había terminado la carrera. “El país todavía tenía terrorismo, mi madre estaba enferma y yo tenía que, en esas circunstancias, estudiar arte era absurdo”. Estaba deprimido pero al mismo tiempo tenía mucha necesidad de creer en lo suyo. “Era una época en que parecía que nada tenía sentido. Por suerte gané algunos premios y seguí pintando y creyendo”, rememora. Esa es su etapa pictórica más oscura.

Otro momento complicado fue a fines de los 90 cuando se fue a Francia y encontró que en Europa casi nadie pintaba, que la vanguardia eran las instalaciones, los objetos artísticos, la pintura menos tradicional. “Me sentí un poco frustrado, pero al volver replanteé lo que quería hacer. Y hubo un quiebre. Es cuando comienzo a hacer arte naif o brut art, que es como pintan y dibujan los que no han estudiado, o como harían los niños”, comenta. Era una apuesta: pintar como si no supiera pintar.

Fue la época de transición y el germen del estilo que hoy todos reconocen. El hombre dividido, su exposición del año 2000, fue un punto de quiebre. Fue además uno de los hitos de su carrera porque empezó a usar frases muy personales para titular cada cuadro. “El hombre que buscaba adentro”, “El hombre que esperaba”, “El hombre que se cansó de buscar afuera”. Con esa expo descubrió algo más. “Ese soy yo”, escuchó decir a un visitante refiriéndose a uno de los cuadros. Se dio cuenta que la gente se identificaba con sus personajes.

“Con el tiempo me di cuenta que mientras más ingenuo parecía más me gustaba. Y entonces en mi pintura los ojos comenzaron a crecer, las formas ya no respondían a nada de la realidad y se notaba un poco más la influencia de la ilustración”, cuenta Fito. Sus influencias están por todos lados: los dibujos medievales, los animes japoneses, los antiguos juguetes de hojalata, que se parecen mucho a sus máquinas alucinantes.

Llegar a lo que hace ahora fue un proceso, un tránsito que aún ahora no termina. En la quincena de octubre Fito también presentará Sueños abiertos, una muestra con cuadros realizados en el último año. Con ello, dice, cerrará el círculo. Será su forma de decir: listo, pasaron veinte años, esto he hecho. Y hace un anuncio: “A partir del próximo año creo que voy a indagar en otras cosas, a buscar otro estilo, tratar de encontrar estas cosas”.

Fito es un artista en búsqueda constante que también ha escrito libros infantiles, hecho música, creado cerámica artística. Tiene un disco grabado y prepara otro, más electrónico. Alguna vez, dice, reunirá en su galería su música y su pintura. Mientras tanto, con esta retrospectiva y con su libro, deja constancia de lo hecho. “Si quieres que el afuera sea organizado, tienes que organizarte tú. Si quieres que haya una memoria, haz tu propio muse”, dice.

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