“El universo personal de Fito Espinosa” – Cocktail. Diciembre, 2015

Revista Cocktail | Año 01 – Nº 04 | Diciembre de 2015

 

El universo personal de Fito Espinosa

Conversar con el múltiple artista Fito Espinosa (Lima, 1970) es conocer a un hombre lleno de sorpresas. Celebrado pintor y dibujante, destacado diseñador gráfico, talentoso músico y escritor. Cariñoso padre y hombre de familia. Ha realizado más de diez exposiciones individuales en Perú y ha participado en diversas exposiciones colectivas dentro y fuera del país. Viajemos dentro del mundo invisible de Fito…

Por Omar Amorós

 

 

No provienes de una familia de artistas, ni tu entorno familiar estaba relacionado a la pintura o a las artes plásticas, entonces ¿cómo surgió tu vocación por el arte?

Nació un poco tardía en comparación a otros artistas que empiezan más chicos. Empecé a dibujar a los 14 años. Descubrí que me gustaba hacerlo, comencé a copiar todo lo que me agradaba, sobre todo las imágenes que tenían que ver con lo gráfico, las ilustraciones y el diseño como portada de discos y revistas de surf. En cuanto a la música desde siempre escuché diversos tipos de canciones e incluso me gustaba cantar desde niño, pero no tocaba algún instrumento. Como a los 14 conocí algunos amigos de mi hermana que tocaban guitarra y probé que no era imposible aprender a tocar.

 

¿Tu gusto por las ilustraciones te llevó a decidir estudiar diseño gráfico?

Bueno, lo que pasaba es que yo en ese entonces pensaba que el diseño gráfico era como aprender dibujo e ilustración, además quería dibujar y no me identificaba con la pintura, ya que hasta ese entonces había visto muy poco de arte en sí. La verdad no entendía muy bien todo eso del arte de la pintura. Ingresé muy joven a la universidad, tenía 16 años, estudié dos años de estudios generales y dos de la carrera, me faltó un año para acabar.

 

¿Qué pasó?

Justo aquí empieza el dilema. Como mi padre no quería que estudie pintura después que acabara la carrera –yo ya había decidido eso–, y como no quise terminar diseño para luego dedicarme solamente a trabajar con la posibilidad de no hacer alguna pintura en mi vida, decidí cambiarme lo más antes posible. Logré convencer a mi padre para que me ayude a pagar la universidad (PUCP), que no era muy barata para nosotros a pesar de que estaba en una categoría más o menos baja. Él pidió un préstamo que me pagaba la mitad de la boleta y empecé a buscar trabajo para pagar la otra mitad.

 

¿Cuáles fueron tus primeros trabajos como dibujante?

Hacía dibujos para polos que luego vendía. También hacía dibujos para el diario El Peruano, como colaboraciones que me pagaban solo cuando se publicaban, a pesar de que me hacían dibujar un montón de ilustraciones que nunca salían.

 

¿El arte se debe comercializar?

Lo que pasa es que existen muchas ideas tabú al respecto. Que el artista no se vende, ¡por favor! El artista primero tiene que vivir, tiene que pagar la luz, el agua, el colegio de sus hijos, así que el arte se comercializa, ¿si no cómo vives?. Esta idea de que el arte no se comercializa viene probablemente de la edad media. El arte se vende porque se representa a través de objetos tangibles, y para eso existen las galerías. Lo que pasa es que hay veces no es el propio artista quien vende sus obras, sino un representante; otras veces es que no hay un objeto para venta, sino el arte se representa a través de instalaciones o performances, con las cuales lo que se vende es la imagen del artista, que viene a ser lo mismo. De igual forma te llaman para un nuevo trabajo porque te hiciste más conocido.

 

¿Cómo ha convivido Fito, el artista, con Fito, el hombre de familia, durante años?

Cuando me separé de la madre de mi primera hija, allá por el 2006, decidí hacer algo diferente, porque significó un quiebre para mí separarme en ese momento de Mara, mi hija. Fue en esa búsqueda de ver qué hacía que conocí a Maria Paz (su actual pareja), en una agencia de publicidad. A ella no le gustaba su trabajo, porque antes ya había hecho cosas más artísticas, fue entonces que le dije que nos juntáramos para hacer algo distinto, podíamos hacer de todo: desde una papelería, pasando por una editorial, hacer objetos con diseños, y fue así que empezamos a planearlo. En realidad fue con ella con quien se da todo lo que viví después en mi carrera. Ella en vez de una manager es una organizadora de todo lo que viene después de la creación. En el camino llegaron los hijos (Mayu y Mallki) y todo se fue cuadrando en su lugar.

 

Aparte de tu conocida faceta de pintor, también realizas ilustraciones para libros, algunos de los cuales tú has editado. Cuéntanos de esa parte de tu carrera artística

La ilustración fue algo que me gustó hacer desde el inicio de mi carrera. Es hacer lo mismo que se hace en la pintura pero con el dibujo. Es un formato generalmente de pequeñas dimensiones aplicado a algo, ya sea un texto o un pedido, para libros, cuentos, revistas o publicaciones. Hice ilustraciones para el diario El Comercio, la revista Debate, pero sobre todo para la revista Etiqueta Negra. También realicé ilustraciones por encargo para cuentos infantiles de distintos autores. Buscando nuevas técnicas para realizar ilustraciones llegué a un método para poder trabajar mis propias ilustraciones impresas y queden lo más parecido a la original, que es escaneando el dibujo en blanco y negro y escaneando aparte el color y terminando las ilustraciones en digital, quedando el dibujo impreso tal cual yo quiero. Cuando descubrí esto comencé a hacer mis propios cuentos y grabados.

 

Tu cuento ilustrado “Un mundo invisible” (2010), el más exitoso de tu carrera, que ya va por la cuarta edición, también fue adaptado para montaje teatral, ¿cómo fue tu participación en este espectáculo?

No sabes la cantidad de gente que participó en este bello montaje. La directora Nishme Súmar se me acercó y me dijo: “Fito hay que hacer tu libro, tengo el espacio y conozco a la persona indicada para adaptarlo, Mariana Silva”. Así que nos juntamos y trabajamos los tres cada escena, porque en el libro si apenas hay texto, tuvimos que crear y recrear situaciones. Igual, me moría de miedo, porque la idea es que no se desvirtúe, pero Mariana se metió tanto en el libro que logró crear en cada escena, mini historias de cada personaje, de cada página del libro. También participé creando la escenografía. Claro que me gustaría repetir la experiencia.

 

También sacaste un disco, ¿qué no has hecho?…

Sí, lo grabé el año pasado. Me sentí raro como músico, porque siempre fue algo que hice solo para mí. En el disco toqué la guitarra y canté. Incluso hice conciertos, nunca es como uno se lo alucina. Se dio porque hace tiempo que quería grabar y no encontraba con quien, hasta que conocí a Jorge “Chino” Sabogal, nos hicimos amigos y pude grabar en su estudio mi disco “Campo de Fuerza”. En los conciertos que hice con el Chino, me di cuenta lo complejo que es tocar en vivo y hacer que suene bien todo una banda.

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