“El hombre dividido” – El Comercio. Abril, 2000

El Comercio | Lima, miércoles 19 de abril del 2000

LUCES
Por José Gabriel Chueca

El pintor Fito Espinosa, egresado de la Universidad Católica en 1994 , inaugura hoy en la galería Forum su tercera individual EL HOMBRE DIVIDIDO.

Nunca encuentro lo que busco. En realidad no estoy seguro de que lo que busco exista, pero mientras esté buscando no voy a tener tiempo para pensar en eso. Felizmente tengo un trabajo que me mantiene muy ocupado, porque si no mi mente estaría libre para pensar. Felizmente cuando no estoy trabajando me estoy divirtiendo, porque si no mi mente tendría tiempo para pensar.

Siempre es muy tarde, o muy temprano. Aquí todo está mal, hay que irse. No es mi culpa, es la situación. La situación. Todo esto, lo opuesto al paradigmático canto de Rubén Blades –indecisiones–, es lo que las tropas de Fito Espinosa dirían si hablaran. “El hombre que no tenía nada que hacer”, “Los hombres que no querían saber a dónde iban”. “El hombre que vivía en una cárcel con las puertas abiertas”. “El hombre que se quería ir”, “El hombre que tomaba el agua que no calma la sed” y el mismísimo “Hombre dividido”, pintados al acrílico sobre trupán, parodian algo de lo patético que somos todos.

“No hubiese podido pintar a ninguno de estos hombres si de alguna manera no pasaran por mí –dice Espinosa–. Se trata del hombre que percibe la realidad como partes opuestas y que le cuesta entenderla como un todo. Percibimos la realidad fragmentada y por esa razón uno mismo se termina fragmentando. La sociedad está partida en dicotomías: bueno y malo, masculino y femenino, etc. Y ahora que eso también se replantea, todo se hace más difícil. Y yo me di cuenta de eso en mis propias contradicciones, en la dificultad de saber dónde estoy, como persona, como artista, como hombre”.

Los personajes de Espinosa son una constatación de estas incertidumbres contemporáneas –y muy peruanas además pero no una propuesta de acción. “Finalmente lo que propongo no es que el hombre quiera dividirse, sino cómo puede asumir esa situación. Yo le echo la culpa al hombre, por no culpar al Estado, a los demás. Si todo está mal es porque tú también estás mal. Lo culpo porque también me culpo a mí. Esto es un darse cuenta que, espero, sirva para buscar la integración”, agrega.

Sobre el estilo podemos decir que Espinosa ha dejado atrás el realismo que impulsó su trabajo, aquél que pudo verse en “La trama de la trampa” (galería Cecilia González, 1997). Las exigencias académicas aprendidas en la Facultad de Arte de la Universidad Católica, de la que egresó con el primer puesto de su promoción en 1994, expresados en un cuidado anatómico y claroscuro rigurosos, han sido abandonados. Ahora, después de una etapa de experimentación en la que pasó por el ‘collage’ y el garabato, el pintor se decidió por elementos y tratamientos que él había estado trabajando sólo en el ámbito de la ilustración (actividad que también ejerce en distintos medios escritos de esta ciudad) o en sus primero dibujos, cambiando el naturalismo por cierto simbolismo.

“Caloi y Quino, en sus dibujos libres, son dibujantes que siempre he tenido presentes. Digamos que ahora es difícil para uno hablar de referentes, pero cuando tenía 19 años, ellos marcaron mi manera de trabajar”, explica. Ambos dibujantes, de origen argentino, tienen un estilo basado en la expresividad de la línea y en la incorporación de textos entre poéticos y humorísticos.

Si bien en las obras que presenta Espinosa no hay textos incluidos, en el catálogo de la exposición sí se le da mayor importancia a los títulos de las obras, los cuales cumplirían esta función. Cabe señalar que los estudios de Espinosa incluyen algunos años en la especialidad de diseño gráfico de la misma facultad, motivados por querer especializarse en ilustración. “Creo que pintar estas cosas de una forma algo ‘naif’ es por un contrapeso que necesitaba por lo denso del tema”, concluye.

Algunas de las distinciones obtenidas por Espinosa son el Primer Concurso “Pasaporte para un Artista” (1998), de la Embajada de Francia, y el Primer Premio del Segundo Concurso de Pintura Johnnie Walker, en 1996.

Artista dividido. Fito Espinosa pinta la incertidumbre contemporánea.

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