“El chico que solo quería hacer dibujitos” – Somos. Marzo, 2012

SOMOS | Año XXV / Nº 1319 | 17 de marzo de 2012

 

FITO ESPINOSA

RETRATO DEL PINTOR PERUANO DE MODA Y SU UNIVERSO PERSONAL

 

Fito Espinosa

El chico que solo quería hacer dibujitos

 

En los últimos años, su nombre ha empezado a sonar fuera del círculo artístico especializado y se cuela en las casas de comunes mortales. En ese tiempo transitó por varios caminos, en busca de un lenguaje propio. Nos habla el artista que no teme ser comercial.

Escribe Carmen Escobar Fotos Juan Ponce

 

Algo raro está sucediendo en Lima cuando un jueves por la noche encuentras, en una librería miraflorina, gente haciendo cola para que un autor les firme su libro. Y, como te mata la curiosidad y el tiempo te sobra a veces, te pones también en la fila para ver qué onda. Ves entonces al causante de todo este alboroto: el rostro sonriente del pintor Fito Espinosa (Lima, 1970) haciendo dibujitos para todos aquellos que tienen un ejemplar de El mundo invisible, su libro ilustrado que ya va por la tercera edición.

Te aburres de esperar porque cada dibujito le toma a Fito como tres minutos (una señorita le pide con frescura: “¡Dibújame a mí!”) y hay 10 personas delante de ti. Rápido cálculo mental: emplea el tiempo en tareas más edificantes. Mejor da una vuelta por esta galería improvisada en los altos de la librería. Te topas con gente que se toma fotos al lado de los grabados de Espinosa y las cuelga en su ‘feisbuk’ gracias a sus modernos celulares. También los escuchas emitir esas expresiones que sueltas cuando ves un cachorro o un niño muy tierno (dependiendo de tus afectos). Algo así como ‘¡oooh!’, ‘¡aaaah!’, pero en suavecito.

Fito, ¿cómo explicas todo esto?

No lo sé. Se ha dio dando poco a poco y es bien loco lo que está pasando. Pensé: “Hagamos una firma de libros”. Y creí que el vacilón era hablar (sobre el libro y la exposición El corazón es un hermoso canal, que se montó en El Virrey de Miraflores), dibujar y si venía alguien, le hacía su dibujito en el libro. Pero la cola estuvo toda la noche y no sé cuántos terminé haciendo. Sé que llevaron 50 libros para vender ahí y tuvieron que ir a traer más porque se acabaron.

Me refiero a la popularidad…

La explicación es esta… A ver, mencióname un historietista que llegue al público…
Juan Acevedo (creador de El cuy).

Pero, ¿qué otro referente popular tienes? La mayoría (de historietistas) dibuja cosas underground o de política y son unos capos, pero no representan a millones de personas que se preguntan: “¿Quién me dibuja a mí, a mi vida, a lo que me ocurre todos los días, lo que siento y pienso?”. Hay gente que viene y me dice: “Yo nunca he comprado nada de arte, pero vi tus cosas y me gustan”. U hombres que te dicen: “Me encanta porque lo entiendo” (se ríe). Lo que hago son ideas que se pueden entender y te permiten opinar al respecto. Hay miles de personas con un montón de información y no tienen acceso al arte no porque no puedan, sino porque no les llega.

¿No te molesta que te digan que lo que haces es fácil?

Ese es el precio de hacer algo más abierto y que llegue a más gente.

¿El gremio de artistas no te crítica porque eres comercial?

Ese es un tema muy complejo. Creo que cuando las cosas funcionan, ya no te critican. Si al principio de todo esto yo hubiera ido donde una galerista y le hubiese dicho: “¿Qué te parece si empiezo a hacer estas cosas (comerciales)?” probablemente me habría dicho: “¡Noooooooo!”. Cuando empecé a escribir en mis cuadros, me decían que cómo iba a hacer eso. Siempre te van a decir que no. Sin embargo, yo no lo pregunté a nadie e hice lo que se me antojó.

¿Cómo tomas cuando alguien ve tu cuadro y dice ‘oooh’ con tono de ternura?

Si te refieres a los grabados que estaban en El Virrey, esos eran especiales para el Día del amor. Pero ni siquiera son tan románticos, en el sentido tradicional. Muestro que lo que comparto con alguien es un pedacito y eso es lo que yo entiendo por la relación. Y a la gente eso le emociona.

Pero de hecho hay una vena tierna en tus obras.

Sí, pero corresponde también a una estética.

 

VOZ PROPIA

Es un viernes y Fito nos recibe en su casa de Miraflores tomando jugo de papaya. Tras cruzar la puerta, aparece ese universo Espinosa que se ha puesto de moda en Lima y que dista mucho de esos primero cuadros que pintó saliendo de la facultad de Arte de la Católica en el 94 y ostentando el primer puesto de su promoción. Nos rodean estas imágenes con personajes de ojos grandes que habitan mundos más luminosos que el nuestro. ¿Qué ha sucedido entre 1994 y el 2012 en la cabeza cana de este artista?

En tus inicios eras más dark…

En el 95 tenía una propuesta que tenía que ver con lo que pasaba en mi vida. Empecé una etapa muy oscura. Me interesaba mostrar el interior de mis personajes, pero de manera literal. Estaba buscando un estilo y ha sido un proceso largo. Poco a poco, (mis obras) comenzaron a iluminarse. Pero no terminaba encantándome.

¿Sentías que no podías ser positivo?

Sentía la presión de pintar bien. Pintar naturalistamente, con claroscuro, con perspectiva de color. Todo eso que te enseñan en la universidad. Con el tiempo, me he quitado esa presión.

¿Qué decía la crítica de ese entonces?

Me fue muy bien. Gané Pasaporte para un artista, de la embajada de Francia, en el 98, y cuando llegué a Europa resulta que nadie pintaba. Todo era instalación, videoarte y cosas así. ¿Qué hacía pintando, entonces? Tenía dos caminos: o dejaba la pintura y me ponía a hacer cosas modernas o regresaba más terco. Ya en Perú me puse a experimenta, a hacer lo que se me diera la gana y encontré un nuevo lenguaje. Comencé a hacer collages con imágenes más sintetizadas y eso fue un paso para el estilo que tengo ahora. Era el año 2000 más o menos. Hice El hombre dividido. Recibió cierta buena acogida. Lo interesante es que por primera vez mucha gente dejó de decir: “Me gusta este cuadro” para decir: “yo soy este cuadro”.

Y luego empiezas a trabajar en el tema de las máquinas…

Hice Mecanix (2004), que era como una ironía. Inventé máquinas que ayuden a vivir.

¿La tenías más clara para ese entonces?

Sí. Uno va saldando cuentas y puedes dedicarte a volar en otras ideas. Probablemente, mucho cuadros del comienzo tenían conflictos internos que hacían que pintara esto. Aquí ya podía imaginarme otras cosas más, fuera de mí.

¿La paternidad también te marcó en esa época?

Para Mecanix, un crítico escribió que era paradójico que me pusiera a crear máquinas y artefactos justo cuando había nacido mi hija Mara. Es que cuando tienes un hijo es como: “Oye, déjate de idioteces”. Te das cuenta de que tienes una persona que depende de ti.

 

HOMBRE DE FAMILIA

Sabes que un niño ha llegado a un hogar cuando ves cómo va tomando posesión de todo lo que antes era el territorio íntimo de una pareja. De pronto, ves un carrito debajo del sillón o una manta de colores pasteles que se asoma por algún lado. En el caso de Fito, es difícil precisarlo porque en su taller hay juguetes que parecen obras de arte, muñequitos e instrumentos musicales y es probable que no estén ahí por la presencia de infantes. No es difícil imaginar a Fito entreteniéndose con ellos. Sin embargo, ya hay dos niños en su vida: su hija Mara, de nueve años, y Mayu de cinco meses. Ellos, a diferencia de él han crecido en un ambiente en donde el arte está en cada rincón de casa.

¿Hay artistas en tu familia?

Nada. Mi papá estaba asustado. Yo soy el único hombre de cinco hermanas. “Y me salió descarriado”, seguramente habrá pensado. Yo ingresé a la Católica para estudiar Diseño Gráfico, pero me pasé a Pintura. Mi papá me dijo: “Acábalo primero, trabajas y estudias lo otro”. Yo sabía que si me ponía a trabajar en Diseño, en la vida iba a pintar algo. Insistí con Pintura. Y él me dijo: No te voy a pagar la carrera, te voy a conseguir un préstamo”. Y así fue. El préstamo me pagaba la mitad de la boleta y yo, la otra mitad.

¿Y qué dice ahora tu papá?

Cambió desde que acabé la universidad porque, apenas salí, gané el concurso de Johnnie Walker. Quedó muy satisfecho, entendió mi opción por el arte y pagó el préstamo. Se dio cuenta de que el mundo del arte no era lo que él pensaba. Mi papá es de provincia y le costó mucho ser profesional y trabajar. A una persona así no le puedes entrar con cuentos.

¿En qué andas ahora?

Este año quiero hacer un libro, una expo de pintura y un disco. Lo gracioso es que estas con las cosas que he hecho toda mi vida. Todo el día me la paso haciendo eso. Soy un poco inútil para el resto de cosas.

¿Nunca has tenido un trabajo de oficina?

Una sola vez. Era ilustrador y estaba sentado todo el día.

¿Dónde fue?

En El Comercio… duré seis meses.

 

TRES MIRADAS

Élida Román, crítica de arte

LA OBRA DE FITO ESPINOSA

“En sus inicios, era mucho más expresionista, desgarrada y dramática. Ahora es distinta. Todo lo que hace es como muy tierno, pero detrás hay también muchas cosas agudas y filosas. Juega con la melancolía, la memoria, la nostalgia, y lo hace muy bien. Si ser comercial significa llegar a mucha gente, pues ¡fantástico! En cuanto a los estético, ha inventado un universo propio”.

 

Aida Briceño, dueña Galería Índigo

EL CONSUMO DE ARTE EN LIMA

“Antes tenías que esperar años para comprarte un cuadro. Hoy no es tan caro y está Fito (Espinosa), que con sus grabados te llega al corazón, todo el mundo lo comprende. Está Marcelo (Wong), Sheila (Alvarado) y Cherman, que gustan un montón. Y hay muchos más, chicos que ya ven el arte como un modo de vida. Hoy se hacen listas de novios acá y se incluye piezas de arte. Yo veo muy positivo para el Perú que haya gente que se sienta bien regalando arte”.

 

Carlos León-X-Jiménez, Antropólogo

¿POR QUÉ SE COMPRA ARTE HOY?

“Las clases medias ahora tienen mucho mayor capacidad de consumo. Estamos en una era en la que se refuerza la necesidad de ser individuales. Hay una mayor obsesión por rodearse de objetos, sean prácticos o decorativos, que tengan carácter y sintonicen con los valores de tu generación. A partir de esta empatía vas a defender el producto y lucirlo con más orgullo. El objeto cobra tanta importancia que es casi una suerte de amuleto”.

 

PARA ENMARCAR. Fito junto a Maria Paz Mujica, su pareja; sus hijos (Mara de nueve años, y Mayu, de cinco meses) y las mascotas familiares: Zopenco y Zorrito.

 

HOMBRE TRABAJANDO. Este año, el artista planea grabar un disco y publicar un libro que llevará por título “El capitán de los cielos intermedios” (como uno de sus cuadros).

 

ESTILO PROPIO

El camino estético recorrido por Fito Espinosa va de la mano de su crecimiento personal. Desde El hombre dividido (2000), con personajes que prefieren saber dónde estuvieron antes que a dónde irán, hasta el universo luminoso de sus últimas obras.

2000 “Esta es la historia del hombre dividido, del que piensa desde otro continente, desde el otro lado del cerebro” Muestra: El hombre dividido Obra: “El hombre que se quería ir”

2004 “Una línea de artefactos elaborados especialmente para que usted y su familia puedan solucionar toda clase de problemas” Muestra: Mecanix Obra: “Máquina para cose el aura”

2009 “Un día hice un inmenso espacio dentro de mí y no fue en vano. Nada se pierde, nunca” Muestra: Te llevo en mi universo Obra: “El canal”

 

ZONA DE OBRAS. En su casa, además del taller, ha montado un showroom y ambientes para otros artistas.

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